viernes, 19 de septiembre de 2008

Al año del terremoto en Ica

Eran las 6:45 pm aproximadamente. Revisaba unas tareas y en eso se siente un temblor. Parecía que era uno más de los que suelen ocurrir, pero luego se sintió con más fuerza... y más y más. Todo se movía fuertemente. Ya en la puerta de la casa se veía la situación en la calle: los postes de luz se movían de izquierda a derecha, los cables amenazaban caer, las casas parecían caer. Además, parecía como que desde el cielo alguien tomaba foto y se veía el flash, la gente corría de un lado a otro. Alguien decía 'tranquilos, conserven la calma, ya va a pasar' Pero como no pasaba, sino que más bien seguía con más fuerza, esa misma persona dijo 'ya nos jodimos'. Ahora se sentía el deseo de supervivencia: en qué lado refugiarse teniendo en cuenta dónde caerían los cables, los postes y las paredes; poco faltaba para que se levanten las veredas y pista, parecía que era el fin de todo, la llegada del juicio final, la parusía. Pasado ya el movimiento telúrico, la línea telefónica había colapsado, luego se fue la energía eléctrica -lo que aumentaba el pánico-, cerraban las tiendas y huían los ambulantes, no había quién vendiese velas o fósforo. En el óvalo, un bombero hablaba a un grupo de personas, al acercarme, note que interpretaba el terremoto como un aviso divino. Alguien tenía una radio a batería, sintonizando radioprogramas, cuadras arriba, donde había luz, las noticias transmitían que el epicentro había sido en Ica. Pero si bien esto fue el término de susto en ciertos sitios (por ejemplo, Lima), para los chalacos fue el inicio de mayores temores.
Pronto corrió el anuncio de la posibilidad de maremoto. Ya había gente que había salido de sus casas y estaba en el óvalo, más adelante la gente iba caminando por la pista de Saenz Peña hacia Yahuar Huaca, con las cosas que podían llevar y sus hijos. Eran momentos trágicos: conversando con un amigo que se iba con su family nos deseamos vernos de nuevo. Eran como las 9:00 pm.
Ya en casa, a la luz de una vela, comimos frugalmente y nos disponemos a hacer mochilas. Nuevamente en la calle, carros desde la Punta salían hacia un lugar seguro. Mientras tanto las autoridades invocaban a la calma.
Más tarde, uno venía en bicicleta avisando que el mar se estaba saliendo por los barracones, otros hablaban que ya estaban evacuando del norte. Y en ese momento pasa un carro del serenazgo avisando “orden de evacuar, señores evacúen, dirigirse hacia Yahuar Huaca, evacúen rápidamente”. Esto era el fin definitivamente. Los bomberos decían que no se contaba con la confirmación de la Marina de Guerra, era, pues, una falsa alarma. La gente pensaba que era un intento de calmar los ánimos y volvía a insistir, los bomberos con sus radios pedían confirmación, ya estaba listo un bus para evacuar a niños, mujeres y ancianos. Pasaban los minutos hasta que al final la mayoría volvía a sus casas, pero esa noche no fue posible dormir.
Aparentemente después de ese día todo volvería a la tranquilidad, pero el temor continuaba pues corría el rumor que el maremoto sería en 2 días y no se avisaba a la gente para no causar pánico.
Ciertamente que fueron días de preocupación. Si así se sintió el terremoto, ¿cómo habrá sido sentirlo en el mismo Ica?
Repitamos, pues, con el profeta Habacuc: “Señor, he oído tu fama, me ha impresionado tu obra. En medio de los años, realízala; en medio de los años, manifiéstala; en el terremoto, acuérdate de la misericordia” (Hab 3,2, que se lee en laudes del viernes de la segunda semana). Y que Jesús, quien calmó el oleaje (Lc 8,23), nuestro Señor del mar, proteja nuestro puerto.

1 comentario :

  1. A dos años, nueve meses y 12 dias del terremoto.
    "En ese entonces se sentía el deseo de supervivencia ",se nota claramente la angustia que vivieron ese noche;imagino la angustia por tus padres;que tranquilidad sentiran hoy que todo se mantiene en calma.
    Pero nuestros hermanos de Ica aun sufren ;y ese sentido de supervivencia aun los mantiene con vida, pese a tantas dificultades incomodidades , hoy se ve con tanta indiferencia el dolor que aun viven -
    Señor: Acuérdate de mi aflicción y de mi desamparo, del ajenjo y de la amargura .
    Es importante decirle a Jesús, acuérdate de mi, sobre todo en momentos que sentimos tantas angustias y sufrimientos.
    Que día tan angustioso ante un leve temblor en tu zona ,que tristeza ante los terremotos hasta hoy vividos en los paises hermanos, que dolor ante nuestra propia indeferencia por todos aquellos hermanos que llevaron las peores partes de estos desastres.Pidamos por ellos y por cada uno que no estamos libres de todo estos desastres naturales.

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