sábado, 26 de diciembre de 2009

Agustín, sobre el mal

Escrito por Alexander Pruss en Augustine on evil
El problema del mal con el cual Agustín luchó tan poderosamente no era ni problema inductivo del mal del de tantos filósofos de la religión contemporáneos  ni el argumento deductivo del mal que preocupaba a  los antiguos. El problema del mal de Agustín era una paradoja metafísica generada por cuatro argumentaciones plausibles.
1. El mal existe.


2. Todo lo que existe es Dios o creado por Dios.
3. Dios no ha creado el mal.
4. Dios no es malo.
A diferencia de los problemas antiguos y modernos, este no es un argumento deductivo en contra de la existencia de Dios. Tampoco estuvo Agustín, en lo que puedo decir, siempre atraído por una solución completamente atea. La solución maniquea era revisar (2) decir que todo lo que existe es un Dios o creado por un Dios, y modificar de manera similar (3) y (4): hay un Dios que no ha creado el mal y hay un Dios que es malo.
La famosa solución de San Agustín fue negar (1). El mal no es sino una privación del bien. Por supuesto, esto no quiere decir que el mal es la ausencia  de bien, sino la falta del debido bien. Por lo tanto, la afirmación de que algo malo ha ocurrido es ontológicamente se reduce a una argumentación de la forma: (a) una bien g no existe, pero (b) g es conveniente. Que yo sepa, Agustín no dice lo suficiente sobre qué se fundamenta (b), pero lo que fundamenta (b) no es el mal en cuestión, ya que (b) se mantiene

, incluso si g existiera. La afirmación (a) es verdadera no en virtud de un truthmaker (N. del T.: “hacedor de verdad” es un hecho o entidad que hace cerdadera una oración. Ejemplo: ‘manzana’ es hacedor de verdad en ‘la manzan es roja’) sino en virtud de no ser un falsemaker. Para que todo esto funcione, también debemos decir algo sobre lo que "g" representa, presumiblemente, una descripción definida de algun bien.


Agustín, en su solución, no estaba abordardo o el problema deductivo o el problema inductivo del mal. Que no estaba abordando el problema inductivo es obvio. Que no era la solución del problema deductivo es también evidente en el hecho de que una premisa fundamental en el problema deductivo del mal, es decir, que Dios es omnipotente, no está presente. No necesitamos, por lo tanto, creer que la solución de Agustín nos dice algo muy útil con respecto a estos dos problemas. Sin embargo, el hecho de que fue este problema el que Agustín encontró difícil, y no deductivo o inductivo, puede ser significativo. ¿Por qué fue indiferente a los argumentos del mal? Por supuesto, él aborda estos argumentos, pero no es una cuestión de lucha existencial. Su respuesta es, básicamente, que si hacemos actos negros, Dios nos va a usar para pintar el bigote en la pintura cósmica que él está pintando. Es una especie de movimiento teísta escéptico, basado en el hecho de que no estamos en posición para ver la imagen completa.

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