jueves, 3 de enero de 2008

Murphy O'Connor: Jesús nació en Belén (respuesta a Mason)


Aquí presento la respuesta de Murphy O'Connor a Steven Mason, traducida desde Biblical Archaeology Society.


Belén… por supuesto
Por Jerome Murphy-O’Connor
Profesor de Nuevo Testamento y literatura intertestamentaria, Murphy-O’Connor ha enseñado en el École Biblique en Jerusalén durante 30 años. Es autor del libro de viajes The Holy Land: An Archaeological Guide, ahora en su cuarta edición de la Oxford university Press.

Steve Mason ha dado probablemente los mejores argumentos posibles de que debiéramos adoptar una posición "agnóstica" en cuanto al lugar de nacimiento de Jesús. Pero aunque Mason haya examinado los datos literarios con cuidado ejemplar, él no ha podido demoler la convicción de los evangelios que Jesús nació en Belén en los días del rey Herodes. Ni siquiera ha tenido éxito en inducir duda.
Mason comienza diciendo que todas las pruebas disponibles acerca del lugar del nacimiento de Jesús deben ser tenidas en cuenta antes de que cualquier posición pueda ser identificada. Completamente de acuerdo. Pero el modo que Mason aplica este principio no inspira confianza. Las pruebas arqueológicas que presenta son inadecuadas y descartada demasiado rápidamente: “no hay ninguna”, afirma Mason. La Iglesia de la Natividad, que todavía se mantiene en pie en Belén, es irrelevante para Mason, quien afirma que Constantino probablemente seleccionó el sitio de la iglesia sobre la base de los capítulos inaugurales de Mateo y Lucas. Pero esto ciertamente es erróneo: tenemos realmente pruebas arqueológicas desde la Iglesia de la Natividad.

 
TESTIMONIOS DE LA CUEVA
El factor clave en determinar dónde la iglesia debería ser construida era una cueva venerada, que está bajo el ábside de la iglesia hoy (ver las fotos contenidas en el sidebar a este artículo). La cueva no es mencionada por Mateo o por Lucas, pero aparece en varios otros textos cristianos tempranos. Según el apologista cristiano Justino Mártir (100-165 D.C.), cuando José no podía encontrar cuarto en la posada, “él se trasladó a una cierta cueva cerca del pueblo, y mientras ellos estaban allí María dio a luz a Cristo y lo colocó en un pesebre”.
[1] La información de Justino debe derivarse desde una tradición específica de Belén, que como un natural de Palestina (él nació aproximadamente 40 millas al norte, en Flavia Neapolis, Nablus moderno), Justino estaba en condición de escuchar.
Alguien podría argumentar que Justino inventó la cueva para cumplir una profecía de Isaías: “él [el Señor interpretado por los cristianos como Cristo] morará en una caverna alta de una roca fuerte” (Isaías 33,16). Pero es improbable que Justino inventase la tradición. Justino nunca habría creado una historia que podría conducir a sus lectores a combinar a Jesús con la deidad pagana Mitra, del cual se decía que había nacido de una roca y fue adorado en templos de cueva en todas partes del mundo romano en tiempos de Jesús.
a En otra parte, Justino muestra que él es completamente consciente del peligro de paralelos trazados entre Jesús y Mitra.
La tradición del nacimiento de Jesús en una cueva también era conocida independientemente para el anónimo autor del siglo II D.C. del Protoevangelio de Santiago. Según este evangelio no canónico, José y María embarazada viajaban a Belén cuando María gritó, “Bájame del asno, ya que el niño dentro de mí me presiona, va a nacer.”
José preguntó, “¿dónde te tomaré y ocultaré tu vergüenza? Ya que el lugar es un desierto.” José dirigió a María en una cueva cercana, donde ella dio a luz. Más tarde, una estrella brillante dirigió a los Magos a la cueva.
[2]
La ignorancia de la geografía de Palestina por parte del autor del Protoevangelio (por ejemplo, él pensó que la cueva estaba fuera de Belén) sugiere que él era un natural, quizás, de Egipto o de Siria. Él debe haber escuchado acerca de la cueva desde los viajeros que regresaban.
Que la cueva había llegado a ser el foco de peregrinación está confirmado por el primitivo padre de la iglesia Orígenes (185-254 D.C.), quien relata que “allí se muestra en Belén la cueva donde él [Jesús] nació”.
[3] La cueva, por lo visto, atrajo a visitantes regulares, incluso Orígenes mismo alguna vez entre 231 y 246 D.C.
Es difícil imaginar que los Belenitas inventaran la tradición de la cueva, en particular porque, como hay razón para sospechar, la cueva no fue siempre accesible a los cristianos en los días de Justino y Orígenes. Según el padre de la iglesia Jerónimo (342-420 D.C.), quién vivió en Belén desde 386 D.C. hasta su muerte, la cueva había sido convertida en un lugar sagrado dedicado a Adonis: “desde el tiempo de Adriano [135 D.C.] hasta el reinado de Constantino, por aproximadamente 180 años…Belén, ahora nuestra, y el lugar más sagrado de la tierra…fue eclipsado por una arboleda de Tammuz,
b que es Adonis, y en la cueva donde el Mesías infantil una vez gritó, el amado del Venus fue lamentado.”[4]
A los cristianos locales probablemente no les permitieron dar culto regularmente en lo que había llegado a ser un santuario pagano. El hecho que los Belenitas simplemente no seleccionaron otro sitio como la cueva de nacimiento sugiere que ellos no se sintieron libres para inventar. Ellos estuvieron ligados a una cueva específica.
[5] Para conservar una memoria local durante casi 200 años implica una motivación muy fuerte, una motivación que no tiene nada que ver con los Evangelios. Con esto en mente, permítasenos evaluar los textos citados por Mason.

MATEO
Todo lo que Mason dice acerca del silencio de Pablo, Hechos, Marcos, Juan y algunos historiadores judíos y romanos que dejan de mencionar el lugar de nacimiento de Jesús es irrelevante. Las deducciones a partir del silencio apelarán sólo a aquellos que ya han decidido. Lo máximo que podemos sacar de estas fuentes es que se creyó que Jesús había venido desde Nazaret. Por lo tanto, debemos concentrarnos exclusivamente en aquellos dos escritores que mencionan realmente su lugar de nacimiento -Mateo y Lucas.
Mason ha mostrado bien que Mateo y Lucas nos ofrecen narraciones “diferentes irreconciliables” del nacimiento de Jesús: para Mateo, el relato comienza en Belén, donde María y José viven; la matanza de Herodes de los inocentes obliga a la familia a trasladarse a Egipto, luego en Nazaret. En Lucas, sin embargo, la familia vive en Nazaret y sólo viaja a Belén para un censo, en cuyo tiempo nace Jesús. Lo que Mason falla en apreciar, sin embargo, es que Mateo 1-2 y Lucas 1-2 son completamente testigos independientes. Uno no toma préstamos del otro, tampoco siguen una fuente común. Esto sólo realza la fiabilidad de los puntos en los cuales ellos concuerdan. Según Mateo, “Jesús nació en Belén de Judea en los días del rey Herodes” (2,1). Lucas menciona “los días de Herodes, rey de Judea” (1,5) como el período de la anunciación del nacimiento de Juan Bautista, que estuvo separado del de Jesús por sólo unos meses. El nacimiento de Jesús ocurrió después de un viaje “a Judea, a la ciudad de David, que es llamada Belén” (2,4). Los dos evangelistas, por lo tanto, confirman independientemente cada quien en cuanto al tiempo y lugar del nacimiento de Jesús.
En cuanto a la narrativa de nacimiento de Mateo (Mateo 1-2), Mason pregunta si el evangelista podría haber escrito la historia de Jesús en un modo que hace parecer que cumple la profecía del Antiguo Testamento. Mason indica que al final de cada movimiento en la narrativa de nacimiento de Mateo encontramos una cita del Antiguo Testamento introducida por una fórmula que enfatiza la idea de cumplimiento: “todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta” (Mateo 1,22; 2,5; 15. 17. 23). Mason pregunta: ¿es más probable que el autor incluyó un nacimiento en Belén para Jesús porque él sabía que esto de hecho había sucedido o porque él conocía los pasajes en la escritura [“Y tú, Belén, … de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel” (Miqueas 5,1-3 = Mateo 2,6)] y pensó lo importante de describir la carrera de Jesús en el lenguaje de los profetas? Mason invita al lector a aceptar la segunda opción mostrando (muy exactamente) cómo, más tarde en el evangelio, Mateo tiende a adaptar el relato de la vida de Jesús basado en ciertas profecías del Antiguo Testamento. Por ejemplo, la versión de Mateo de Jesús que entra en Jerusalén al dorso de un burro y su pollino (Mateo 21,1-9) está fuertemente influenciada por la profecía de Zacarías 9,9 (“Que viene a ti tu rey: justo y victorioso, humilde y montado en un asno, en una cría de asna.”).
¿Pero significa que Jesús nunca montó en Jerusalén? ¡Claro que no! La fuente primaria de Mateo para el episodio de la entrada en Jerusalén es Marcos 11,1-10, que describe a Jesús que monta un pollino en Jerusalén. Fue este relato en Marcos que condujo a Mateo a usar Isaías 62,11 y Zacarías 9,9 para mostrar el significado del evento. En otras palabras, un evento evocó la profecía; la profecía no fue la fuente del evento, aunque esto influyera realmente en el modo en que fue presentado en el posterior evangelio de Mateo.
Este ejemplo de la técnica literaria de Mateo establece el modo en que se debe acercar a cada una de las profecías de "cumplimiento" en los dos primeros capítulos en su evangelio. La(s) fuente(s) de Mateo provocó recuerdos de profecías del Antiguo Testamento, que Mateo luego incorporó cuando él volvió a escribir el relato. Uno no puede imaginar seriamente un evangelista que hojea las escrituras en búsqueda de citas para adorar un relato. El simple sentido común nos dice que fue mucho más que un asunto de “¡Hey! ¡Esto me recuerda algo en Isaías!”
Para esclarecer el tema, aceptaré las afirmaciones de Mason de que los episodios que implican la “estrella misteriosa” que guía a los Magos (Mateo 2,1-12) y la masacre de los inocentes realizada por Herodes (Mateo 2,16-18) no son históricos.
[6] Pero ¿qué tiene que ver con la aseveración inequívoca y corriente del evangelio de que Jesús nació en Belén? Mason invita a sus lectores a asumir que todos los detalles en la narrativa de nacimiento de Mateo son fabricados simplemente porque estos dos episodios son fabricados. Pero la falsedad no es un gas tóxico que afecta todo lo que haya a su alrededor.

LUCAS
Ahora permítasenos ir a Lucas. Mason reconoce (como todos los eruditos) que el censo mencionado en Lucas (2,1-2) ocurrió en 6 D.C., que es demasiado posterior de cualquier conexión con el nacimiento de Jesús en los días del rey Herodes (37-4 A.C.): en otras palabras, José y María podían no haber estado viajando a Belén para este censo. De este modo, cae el eje de la narrativa de Lucas, y el relato se fragmenta en un número de elementos individuales, inconexos. Pero el hecho que Lucas se equivoca sobre X (el censo) no significa necesariamente que él se equivoca en Y (la localización del nacimiento de Jesús).
Finalmente, vamos a las conclusiones de Mason. La razón de Mason para evocar documentos neotestamentarios como Marcos y Pablo, que no dicen nada acerca del lugar de nacimiento de Jesús, sólo ahora llega a ser aparente. En la vista de Mason, el silencio de estos escritores indica que “fue bastante posterior cuando algunos cristianos primero llegaron a estar más interesados en la cuestión [de dónde había nacido Jesús].” Ahora, podría ser bastante posterior cuando algunos cristianos escribieron acerca del lugar de nacimiento de Jesús, pero esto no dice nada acerca de cuando ellos primero llegaron a estar más interesados en o entendidos acerca del tema.
Mason continúa, “Incluso en el tiempo de Mateo y Lucas, la información confiable acerca del nacimiento de Jesús ya no estaba disponible.” Nada en su artículo da motivo para tal declaración. Mateo y Lucas no son fiables en algunos puntos, pero Mason no ha demostrado que el lugar de nacimiento de Jesús sea uno de ellos.
Asumiendo que la información confiable no estaba disponible para Mateo y Lucas, Mason postula que una de sus fuentes creó el relato: “Estos autores [Mateo y Lucas] tomaron la proposición básica (probablemente de una fuente más temprana, ahora perdida) que Jesús, el hijo de David, había nacido en Belén antes de que José y María llegaran a tener relaciones. Esta proposición podría haber provenido fácilmente de la reflexión sobre Miqueas 5,2.”
La idea que las narrativas de nacimiento tan diferentes como aquellas de Mateo y Lucas podrían volver a una fuente común confunde a la mente. Incluso habría sido más interesante ver a Mason comenzar a intentar perfilar los contenidos de tal fuente. Mateo, como hemos visto, no generó eventos sobre la base de la profecía. Al contrario, él usó profecías para mostrar el sentido de eventos de otro modo atestiguados. No hay ninguna alusión de que Miqueas 5,2 tuvo alguna importancia para Lucas. Es inverosímil, por lo tanto, deducir que él derivó su elección del lugar de nacimiento de Jesús desde esta profecía. Tampoco él la derivó de Mateo, cuya versión de la infancia de Jesús no conocía. La única opción que queda es que Lucas de hecho lo conocía.

CONCLUSIÓN
Una observación concluyente: Mason afirma que “establecer una especie de conexión con David podría haber sido crítico para una figura mesiánica... en tiempos de Jesús.” Él escribe: “Un nacimiento en Belén, la casa del Rey David, consolidaría naturalmente la afiliación judía mesiánica de Jesús.” Pero durante la vida de Jesús, la creencia de que él era el Mesías no requirió verlo como el hijo de David (y por lo tanto no se benefició de ninguna conexión con Belén). En este período, el Mesías davídico no era el único tipo del Mesías esperado. También se aguardaban las figuras del sacerdote, profeta y maestro.
[7] Habría sido mucho más fácil para un contemporáneo haber encajado a Jesús en cualquiera de estas categorías. (Recuerda, su madre estuvo relacionada con Elizabet, un descendiente de Aarón, el primer sacerdote [Lucas 1,5.36].) Ninguna de estas otras categorías mesiánicas tenía alguna conexión con Belén. En consecuencia, Jesús pudo haber sido pensado como un Mesías sin alguna referencia a Belén.
Además, de las muchas categorías diferentes del Mesías, la del Mesías davídico habría sido el partido menos probable para Jesús a ojos de sus contemporáneos. En efecto, el comportamiento de Jesús era la antítesis del de un hijo de David, de quien se esperaba que sea un rey de guerrero que gobernaría con suprema autoridad. Esta esperanza está expresada muy vivamente en los salmos de Salomón del siglo I:
Mira, Señor, y suscita para ellos su rey, el Hijo de David, para gobernar sobre su siervo Israel en el tiempo conocido para ti, Oh Dios. Sosténlo con la fuerza para destruir a los gobernantes injustos, para purgar Jerusalén de los gentiles que la pisotean para la destrucción; en sabiduría y en honradez para expulsar a los pecadores de la herencia; para romper la arrogancia de los pecadores como la jarra de un alfarero; para destrozar todo su material con una vara de hierro; para destruir las naciones ilegítimas con la palabra de su boca.
[8]
Jesús, al contrario, era el amigo de los recaudadores de impuestos y de pecadores. Él no hizo ningún movimiento contra los ocupantes romanos o los propietarios ausentes. Él no tenía ningún programa político, y su compasión por el pobre y desfavorecido era individual, no nacional. Además, parece que él había reaccionado contra la idea de un Mesías real.
[9]
Si la iglesia temprana pensó en Jesús en términos de mesianismo davídico -y ciertamente lo hizo-
[10] no fue debido a algo que él dijo o hizo, sino debido a lo que él era y de donde vino. Y él vino de Belén.

SIDEBAR: La Iglesia de la Natividad
La entrada pequeña, modesta (encima) a la Iglesia de la Natividad (abajo) en Belén desmiente la importancia de este sitio para el cristianismo. Se dice que el niño Jesús ha nacido aquí, en una pequeña cueva bajo el suelo de la iglesia. Hoy, una estrella de oro en el suelo de cueva (abajo) señala el punto tradicional del nacimiento de Jesús.
El primer emperador cristiano, Constantino, había construido la Iglesia original de la Natividad encima del sitio. Dedicada el 31 de mayo, 339 D.C., la iglesia de Constantino consistía de un vestíbulo cuadrado (aproximadamente 90 pies en cada lado) dividido en cuatro filas de columnas en un vestíbulo con cuatro pasillos. Al final noreste de la iglesia, directamente encima de la cueva, estaba un ábside octagonal levantado, cada lado del cual tenía 15 pies de largo. Los peregrinos podrían ver la cueva a través de un agujero de 13 pies de ancho en el centro del suelo de ábside.
A finales del siglo IV, el padre de la iglesia Jerónimo se trasladó a Belén, donde él tradujo el Antiguo y el Nuevo Testamento al latín -una traducción conocida como la Vulgata porque fue hecha en el lenguaje "vulgar", o "común" de su tiempo. La leyenda dice que Jerónimo usó una de las cuevas bajo la iglesia (adyacente a la cueva de la Natividad) como su estudio.
La iglesia fue al menos parcialmente arrasada en el siglo VI por el emperador bizantino Justiniano, quien luego construyó un edificio más grande sobre los cimientos de Constantino. Justiniano hizo que sus constructores imitaran el estilo de las columnas de la iglesia original, llevando a muchos investigadores modernos a creer que todas las capiteles datan del tiempo de Constantino. Desde el tiempo de Justiniano, sólo pocos cambios se han hecho al edificio, a pesar del terremoto y del fuego.



[1] Justino Mártir, Dialogo con Trifón 78.6.
El término apologista hace referencia a escritores cristianos tempranos que trataron de defender y promover su fe en sus escritos. En su Diálogo con Trifón, Justino Mártir explica por qué él cree que Jesús debería ser entendido como el Mesías del Antiguo Testamento.
a El Mitraismo era una religión mistérica que surgió en el mundo mediterráneo al mismo tiempo que el cristianismo. Los templos al dios Mitra, de quien se creía que había procedido de la roca, fueron construidos bajo tierra, a imitación de las cuevas. Ver David Ulansey, “Solving the Mithraic Mysteries,” BAR 20:05.[2] Protoevangelio de Santiago 17–21, citado en Wilhelm Schneemelcher, ed., New Testament Apocrypha, vol. 1, Gospels and Related Writings, rev. ed., trad. ingl.. ed. por R. McWilson (Tübingen: Mohr, 1990; Cambridge, UK: James Clark & Co. and Louisville, KY: Westminster John Knox, 1991), pp. 433–435.[3] Orígenes, Contra Celsum 1.51.b Completar[4] Jerónimo, Epístola 58.[5] Para la localización de la cueva en el pueblo del primer siglo, ver Shemaryahu Gutman y A. Berman, "Bethléem", Revue biblique 77 (1970), pps 583-585. La excavación de la cueva es relatada por Benjamin Baggati, “Recenti Scavi a Betlemme,” Liber Annuus 18 (1968), pp. 181-237.[6] Sin embargo, discrepo con la lectura que Mason hace de ambas narraciones. En ambos casos el acercamiento de Mason es claramente poco sofisticado. Él olvida la diferencia entre fuente y redacción en Mateo 2,1-12 y deja de apreciar el verdadero sentido de Mateo 2,16-18, que se manifiesta por la cita de "cumplimiento" de Jeremías 31,15. Esta cita se centra en Ramá, que para Jeremías (40,1) era el lugar donde se reunieron los judíos deportados a Babilonia. La matanza de los bebés tiene mucho más que ver con la huída a Egipto que con Belén mismo.[7] Ver John J. Collins, The Scepter and the Star: The Messiahs of the Dead Sea Scrolls and Other Ancient Literature (Doubleday: New York, 1995), p. 209; William Horbury, Jewish Messianism and the Cult of Christ (London: SCM, 1998).[8] Salmos de Salomón 17.21–24. Para este tema en otros textos, ver Collins, Scepter and the Star, pp. 49–73.[9] Ver J.D.G. Dunn, “Messianic Ideas and Their Influence on the Jesus of History,” en The Messiah: Developments in Earliest Judaism and Christianity, ed. James H. Charlesworth (Minneapolis, MN: Fortress, 1992), pp. 373–376.[10] Ver John P. Meier, A Marginal Jew—Rethinking the Historical Jesus, vol. 1, The Roots of the Problem and the Person (New York: Doubleday, 1991), pp. 216–219.

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